- Reseña del poemario
CONCIERTO ANIMAL de Blanca Varela -
Por
Karina Medina
En
Concierto Animal, Blanca Varela es la sombra y la realidad, la raya blanca y la
raya negra, la araña y la ausencia de esta, la vida y la muerte. La poeta se ha
encontrado en una constante dicotomía en la que, con el pasar del tiempo, ha
hallado un equilibrio. El individuo protagonista de este libro es el que se
adapta al dolor por haber estado sumergido en un contexto de desconsuelo
eterno. Varela se apropia de una dualidad consciente, empieza a mostrarse en sus
versos como un solo cuerpo constituido por angustia y esperanza. Sin embargo,
bajo esta realidad ha empezado a sentirse muerta en vida y ya ha aprendido a
amarse así.
Incorpóreo paseo del sol
a lo umbrío
agua música en la sombra
viviente
atravieso la afilada
vagina
que me guía de la
ceguera a la luz
bajo la alta cúpula
sonora
en este colosal
simulacro de nido
toco el vientre marino
con mi vientre
registro minuciosamente
mi cuerpo
urgo mi sentimiento
estoy viva
Los
veintiún poemas de este libro muestran al equilibrio como el estímulo de un
todo. La aceptación de una realidad desolada no es la rendición, es más bien el
acercamiento a un universo contemplativo del yo. Como dice José Miguel Oviedo
sobre este conjunto de poemas:
En Concierto Animal, Blanca demuestra
una fidelidad a sí misma y una percepción existencial de lo que pasa, tanto
afuera como adentro de ella.
El
individuo protagonista – al que conocemos como el yo lírico – se enfrenta al
animal: al dolor, el infortunio, el desencanto, etc. Que en un proceso de auto
aceptación se manifiesta a manera de bestia adorada, atractiva y hasta
excéntrica; para dejar de ser el cliché
del Ser victimizado y amalgamarse con el éxito, con el triunfo y el confort y
formar el todo del ente humano, un dualismo bello por naturaleza.
El
animal que se revuelca en barro
está
cantando
amor
gruñe en su pecho
y
en sucia luz envuelta
se
va de fiesta
de
allí que el matadero
sea
el arco triunfal
de
esta aventura
y
en astrosa apariencia
se
oculten la salud y la armonía
y
la negra avellana
sepulta
en el garguero
lance
rayos azules a los vientos
Podría
asegurar que la negra avellana es el
corazón de luto que Blanca Varela cargó desde la muerte de Lorenzo, el menor de
sus hijos, en el año 1996. Fernando de Szyszlo - quien llamó a la muerte de un
hijo como un acto contra natura - afirma que la mejor poesía de Blanca, y la más oscura, empezó a escribirse después
de que ambos perdieran a su hijo. Carmen Ollé, fiel lectora de Varela afirma el
pesar de la poeta al considerar absurdo el seguir viviendo preocupándose de sus
propios asuntos, incluso de su respirar, sin tener más que velar por la
existencia de su hijo; y es aquí en donde podemos percibir el primer
sentimiento de culpa manifestado en los versos, culpa que es apaciguada también
en el proceso de adaptación inteligente de Varela. Es por esta razón que
podemos considerar a Concierto Animal como el poemario que tiene más relación
con la muerte de Lorenzo.
Si
me escucharas
tú
muerto
y
yo muerta de ti
si
me escucharas
hálito
de la rueda
cencerro
de la tempestad
burbujeo
del cieno
viva
sepulta de ti
con
tu oído postrero
si
me escucharas
Varela
no es una poeta que narre. En esta casi última etapa de su poesía, muestra con
más notoriedad esa tendencia a no explicar razones con su letra. No deconstruye
los símbolos pero tampoco hace caso de ellos; más bien hace un conjuro del
verso, cala por debajo de la palabra, deja al libre albedrío el entendimiento
de su dolor perpetuo y funesto. Ni siquiera la muerte es un límite en Concierto
Animal porque incluso en su canto da muestra de que se sentía muerta en vida.
(…)
la sin sombra
la muerte
como una mala madre
me tocó bajo los ojos
(…)
La
poeta se distancia de toda clase de estereotipos. En la obra de Blanca Varela
la palabra poética se desnuda de artificios para abordar su condición que es
también mi condición y la de todos los que hemos experimentado la muerte. Con
una forma exclusiva Varela desarrolla una propuesta estética que apela también
a la reflexión; y que en su propio estilo, nos insta a «pensar en lo pequeño y en lo inmenso».
Morir
cada día un poco más
recortarse
las uñas
el
pelo
los
deseos
aprender
a pensar en lo pequeño
y
en lo inmenso
(…)
en
el cielo espantado por mí

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