- Reseña del poemario LA
GUERRILLA ELEGANTE de José Natsuhara -
Por
Karina Medina
José
Natsuhara se siente un escritor peligroso; pero en la guerrilla se le vuelve
preciso, tomar de la cintura a la elegancia y asegurarse de que esta será su
eterna mujer. Pero también se asegura de que por la vida - la guerrilla - los
últimos pobladores de este planeta no lo confundan como un poeta más de los
tantos que abundan en el globo porque, a ciencia cierta, los detesta.
Natsuhara
es soberbio, sin vergüenza, vulgar, pasional pero es purito amor; y esto último
justifica sus letras y la postura que presenta en su obra poética. Porque tiene
a la poesía bien en alto aunque a veces el lector pueda sentirse aludido y con
el pudor activado. Al fin y al cabo, la sinceridad es su pañuelo y la libertad
su estandarte. Y pues de eso se trata la poesía: de la libertad de escribir
aunque lo dicho agrade tan solo a uno + uno.
Hay algo de trueno en mi
lapicero
que me convierte en un
escritor peligroso
esta transparencia
(…)
que tanto daño le han
causado
a los viejos de este
oficio
y a las jóvenes promesas
yo he pecado, hermanos
y su miedo es
justificado
hay un minotauro
golpeando las 4 esquinas
derrumbando sus torpes
poemarios
afilando su cuerno
señalando la tragedia
de este país
que ha encontrado el
amor
pero a nadie quien se
atreva a cantarlo
ese poeta que llega una
vez cada 30 años
(…)
La
Guerrilla Elegante es un conjunto de poemas en el que el autor saca a flote la
personalidad de todos sus personajes interiores. Natsuhara se descubre constantemente
y, por lo visto, se conoce lo suficiente; y es justamente por esta virtud que
posee, que los poemas de esta obra contienen personajes que comparten
curiosamente un mismo carácter. El yo personal es un varón que está en un
estado de indignación/excitación constante por asuntos que aborda a manera de espectador.
Pero José Natsuhara es un espectador involucrado, porque a pesar de lo renegado
que está por tanto chistoso que anda
suelto por ahí, forma parte de la escena, del espectáculo teatral, de la comunidad
y la colectividad que es la poesía. Todo lo anteriormente mencionado se
justifica en la catarsis que muestra por medio de su poesía. El autor se ha
vuelto un participante activo en lugar de ser un voyeur pasivo, protesta por todo, se ha vuelto mujer, vuelve a ser
un hombre otra vez y se vuelve a percibir
a sí mismo en la escena del crimen donde la poesía es la única víctima.
Ante
tales superhumanos del pasado ¿Qué respeto puede mostrar la comunidad ahora que
la poesía no está vinculada a la magia? En todos los continentes han existido
“guerrillas” que han empleado la magia de las palabras como un arma en forma de
resistencia: maldiciones, rituales, posesiones, invocación de tempestades.
¿Han
visto alguno de estos prodigios en un recital? Es improbable, y sólo por eso se
debería dudar de quienes reciten poemas ante el público.
Mínimamente,
deberíamos coserles de una buena vez el hocico antes de reconocernos dentro de
esta “tradición” poética.
Entonces,
en vez de tratar al poeta como sirviente, el público, tras un recital, debe
salir cagado en los pantalones y a rastras del local, pensándoselo dos veces
antes de regresar a un espacio donde se realicen estas invocaciones.
En la conclusión formulada por Platón en cuanto al discurso poético, las artes y el espectáculo, el eterno filósofo dijo que la poesía es el lugar donde, unos ignorantes son invitados a ver a unos hombres que sufren. Acotó que lo que la escena poética/ teatral ofrece es el espectáculo de un pathos, la manifestación de una enfermedad, la del deseo y del sufrimiento, es decir, de la división de sí que resulta de la ignorancia. Considerando tal discurso, la deducción lógica que me aborda es que tal enojo mora también en el corazón del autor de La Guerrilla Elegante. Es por eso que Natsuhara se convierte en un apóstol de aquella poesía que se hace a los gentiles y aborda los temas de la guerrilla cotidiana como parte de sus versos pasionales. De esta manera, como suplicaba Artaud al espectador/artista/poeta, Natsuhara asegura su participación vital en una sociedad de la que analiza en cada segundo de su latir y escribe sobre ella mientras la contempla bajo diferentes enfoques.
Mi
nombre es Claudia Timaná, pero puedes llamarme Babel. (...)
Mis
piernas son gruesos fierros hundiéndose en la tierra y elevándose
por
los aires con el swing de una ramera ascendiendo a los infiernos.
Mi
piel es una mezcla de cemento y elementos punzocortantes
bañados
en virus informáticos, peste y enfermedades fantásticas.
Mis
huesos son una maquinaria de arte marcial peso Fatal Fury.
Y
mi cabeza es una azotea desde la que se lanzan de cabeza los
superhéroes
negativos, a 1 000 kilómetros por hora,
y
desde la que contemplo el Imperio.
Este
es el tiempo de la audacia.
Y
me declaro la primera mujer en escribir poesía.
Que cada quien tome lo que le pertenece.
Los 51 poemas de la Guerrilla Elegante tienen temas diversos pero lo cierto es que en todos ellos el yo lírico se muestra (y no puede evitarlo) como un animal que no puede con su genio. Es tiernamente sexual, enamoradizo y contemplativo; y aunque se aborden temas póliticos y sociales, los personajes principales de los poemas se sitúan en escenarios cotidianos, explotan en sensaciones cien por ciento reales haciendo que el lector se sienta identificado. En todos los poemas se siente el ritmo de José aunque abandone el nombre.
Cierra
tu boca José,
ve,
a
comerte la ternura
al
gras,
reclama
2 salchipollos
cualquier
huevada
pero
vete
lejos
o
te morirás de amor.
El
poemario se divide en cinco partes y cada cual lleva por nombre un título
bastante peculiar. Sin embargo, no hay un tema en específico que se aborde
únicamente en cada apartado; todo lo contrario, el ritmo de la prosa y el verso
de Natsuhara tiende a desbordarse con la misma armonía y el mismo latir en toda
la obra completa.
Siempre he creído que los poemas escritos por un poeta consciente no tienen necesariamente que mostrar la realidad del autor. Sabemos, a estas alturas del juego, que el yo personal se revela en el ritmo de una obra poética completa. El yo lirico son los personajes y sus discursos, sus explosiones, sus catarsis, sus clímax y sus voces en función al yo personal. Pero todas las piezas de un poemario si contienen, obligatoriamente, el ritmo del autor. El ritmo de la obra poética de un autor, de un escritor contestatario, de un poeta animal es el boom boom de su corazón y de sus genitales. Conforme late la poesía de un escritor rebelado, así mismo late este mientras hace el amor, mientras come, mientras expulsa sus necesidades orgánicas. Fue agarrándome de esta premisa que pude entender la poesía de José Natsuhara. Porque el autor quiere escribir en verso pero su pasión desbordada lo expone a una prosa larga y completa con un ritmo golpeador mitad rockanrolero, mitad cumbiambero. Esto es alucinante porque le permite al lector mantenerse en la sensación constante de que se encuentra de pie en el límite de la elegancia y la informalidad de la expresión del verso. Pero jamás en la huachafería.
Lodo
en la Armenia del esclavo, zumbido de trompos en el oído de
los
emperadores que venden cigarrillos
y
demás souveniers a los poetas.
(…)
Lodo
en mi Armenia de años mozos,
quiero
pensar que el chiste es un balazo,
y
que los cadáveres que se apilan en este holocausto muy lejos de mi Lima,
no
son otra cosa que fantasmas del smog de los volkswagen.
(…)
Yo
no soy un hombre sencillo,
aun
cuando estoy frente al tanque de Tiannamen, soy un Dios,
mi
glande es un astro que gira alrededor de mis ojos
de
maldito genio. Y mi orgullo es
fantástico
como su caída sobre el mantel recién lavado de tu mesa.
Imagino
que Natsuhara se siente un Superman como lo dice uno de sus poemas en el
apartado que lleva por título Usa tu
poemario para encender una parrilla. Y está bien porque más vale estar
contento uno mismo con lo que escribe. No sé por qué pero presiento que en este
país cuando uno más dice la verdad, más se nos rechaza. Pero ¿Qué le vamos a
hacer? Algún día, realmente espero que algún día, todo poeta sea un buen lector
y crítico a la vez. Más nos vale no solo leer, sino también entender lo que
leemos; y en esto cito las referencias de Natsuhara en la que habla de aquellos
quienes le ayudaron a escribir La Guerrilla Elegante: Cesar Vallejo, Luis
Hernández, Estela Chambi, Abraham Valdelomar, Guillermo Chirinos, Rodolfo
Hinostroza, José Watanabe, Alberto Hidalgo, Maria Emilia Cornejo, Enrique
Verástegui, Flaviana Sensi, Martín Adán, Cristobal Campofé, Blanca Varela, etc.
Y citando a Natsuhara, hablando Varela, me despido.
Varela,
Blanca. (1926: Lima). alcanza el satori. & la ecuanimidad se origina en lo
profundo del corazón de un recuento fragmentado del talento: Perú.
El
rocío de la jora & el sudor espléndido de un mochica enfurecido. / Don’t
touch me, I’m a real live wire /. Yo no opto por las antologías, opto por los
panteones & la consecuente guerra todos contra todos, la eugenesia
literaria. & fue menester una chamba ardua en la que mis nalgas se
coronaron de músculos & los días & las noches cayeron sobre mi
escritorio, sobre la bitácora de viaje, en cada uno de los ojos desorbitados de
la infamia & la impaciencia. Varela se deshizo de esta pose que arrastró
medio país por el desagüe, la bohemia, el destino trágico, la debilidad de los
albatros, la feria clown multitudinaria de las artes, las familias
disfuncionales & su prosopagnosia, la histérica voz de la razón emputecida
por la liquid society & aquí estamos, aquí resistimos & almorzamos cuy
chactado.

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