Según Walter
Benjamín el aura es la unicidad de una obra de arte, esa autenticidad que la vuelve
irrepetible. Es “el aquí y el ahora” lo que
define la existencia de la obra, pues esta está estrechamente ligada a su historia, a
su espacio-temporal y a su contexto ritual/tradicional.
El aura es la esencia genuina de la obra de arte; y para comprender esta
cualidad, debe entenderse que su reproducción técnica, la atrofia. la reproducción
de una obra de arte no se realiza con el mismo ni el mero objetivo con el que por
primera vez fue creada. Para Walter Benjamín el cine (fotografía en movimiento) es transformado por la reproducción
técnica. La construcción artificial de la personalidad del sujeto es la atrofia del aura
en el cine. Lo que los actores muestran frente a la cámara intenta reproducir las
más puras cualidades de una historia escrita, un montaje teatral u otra pieza
artística, con la finalidad de que se muestre la realidad del sujeto.
Benjamín también afirma que “el culto a las estrellas” de cine el cual es
fomentado por el capital cinematográfico puede conservar aquella magia de la
personalidad, pero reducida por la magia de la mercancía.
Según Benjamín, mientras sea el capital la base del arte cinematográfico, no se
le puede otorgar un fin revolucionario mas que el de crear más ideas relacionadas
al mismo arte. Pero si el cine de hoy apoyase la crítica revolucionaria de las
condiciones sociales, este arte de masas carga un nuevo valor y potencial político
para le emancipación. Aplicando la tesis benjaminiana, analizaremos la película Frankenstein de Guillermo del
Toro.
Es necesario saber que Frankenstein es una novela de ciencia ficción escrita
por Mary Shelley, publicada en el año 1818 y que ha sido llevada al cine para
reproducirse en más de una oportunidad. En esta ocasión la adaptación de
Guillermo del Toro se vuelve una obra de arte precisa para analizar su reproducción
desde la tesis benjaminiana.
Para Walter Benjamín el propósito fundamental de la obra de arte está en la
representación de su unicidad y autenticidad que definitivamente está ligada a una
tradición, al servicio del rito. Sin embargo, el “aura” de la obra del arte se atrofia
cuando esta cae en la reproducción técnica. La reproducción técnica es la nueva
producción de la obra con distinta naturaleza, desligada de “el aquí y el ahora”, de
su contexto histórico, de su función ritual para acercar su realidad a las masas y las
masas a dicha realidad.
Entonces, aquí estamos frente a una obra literaria con mucha carga ritual
debido a la importancia de su cosmovisión y con una sinapsis que nos muestra de
manera muy realista (aunque desde la ficción) los sucesos que ocurrían durante el
apogeo del Romanticismo y finales de la Ilustración en Londres a principios del
S.XIX. Frankenstein de Mary Shelley es una novela que va más allá de la historia
de un científico que queriendo desafiar a la muerte, creó a una criatura reuniendo
las partes “perfectas” de cadáveres frescos, otorgándole la vida gracias a la
electricidad de una tormenta. Pues cuando la novela fue escrita, la alquimia, esta
disciplina proto – científica y mística (precursora de la medicina moderna) buscaba
la inmortalidad. Esto se ve reflejado en la ambición de Víctor Frankenstein de
dominar la naturaleza; y desde lo inerte, crear vida. La novela nos refleja la
búsqueda desesperada de los intelectuales de la medicina, esas mentes que de
brillantes podían transformarse en verdaderos monstruos; y he aquí, la cosmovisión
de una sociedad sedienta por encontrar el elixir de la vida. Mary Shelley muestra
esta creencia religiosa que regía la vida de las personas de la época. Además, en la
criatura creada por Víctor Frankenstein Mary Shelley se refleja constantemente
pues con su personaje se va sintiendo identificada en cada momento. Al
comprender la condición de las mujeres a finales de la Ilustración, vemos lo
disminuidas que estas se sentían y lo solas que podían enfrentar sus luchas al no
ser reconocidas por las bondades de su naturaleza. Un digno ejemplo de esto es el
desprecio de la sociedad hacia la criatura creada por Víctor Frankenstein en la
novela, realidad que la misma autora vivió al no ser reconocida como autora de su
propia obra.
Hemos mencionado todas estas características propias de la obra de arte: la
novela Frankenstein de Mary Shelley para comprender la atrofia de la misma.
Según Walter Benjamín la reproducción técnica de una obra de arte es libre.
Cuando esta se reproduce en el cine, el director busca “acercar” su realidad a las
masas. La reproduce técnicamente porque ya ha sido reproducida antes; y cada
cierto tiempo, busca acercar “el aquí y el ahora” al mercado. Su finalidad ya no es
la misma, pues con la reproducción mecánica, la obra pierde su propósito
fundamental el cual está ligado a la tradición y función ritual.
Guillermo del Toro afirmó en distintas entrevistas que desde niño quiso llevar
al cine una adaptación de Frankenstein de Mary Shelley, pero no fue hasta hoy que
pudo poner en la pantalla grande su gran sueño. En la película que ya está en la
plataforma Netflix, podemos observar claramente los distintos aspectos de la
novela que el director ha hecho suyos para adaptarlos. Debido a esto, el aura se
atrofio. No solo por cambiar ciertos rumbos de la novela original, sino porque los
actores en esencia son conscientes de su nuevo propósito en la actuación de esta
película. Incluyendo el mensaje que Frankenstein de Guillermo del Toro quiere
comunicar. Guillermo del Toro tuvo una percepción de la novela de Mary Shelley
al leerla desde que fue un adolescente y ahora quiere compartir con las masas su
privilegiado entendimiento. Debido a la era en la que vivimos, la carga social y
ritual que tiene la obra original ya no genera catarsis en las masas que son la
audiencia. Las masas ya no se sientes identificadas con el propósito fundamental
de la obra de arte en sí, porque este ya no existe pues el aura fue atrofiada.
Frankenstein de Guillermo del Toro, según la tesis de Walter Benjamín es arte
intervenido por la reproducción técnica que busca la admiración popular. A lo
mejor aún podemos sentirnos identificados con alguno de sus principales mensajes
que la obra original quiso comunicar; sin embargo, esa realidad no nos guía a la
revolución política a la que nos invitaba la obra original, ni nos hace proceder a la
emancipación del pensamiento como primer objetivo fundamental.
.jpeg)
.jpeg)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario