A Harlem Medina
después de 18 años
ya no recuerdo al viajero
las quincenas y fin de meses
se habían vuelto mi soledad
tras los hierros negros
de la ahora arrendada habitación
su llegada era el desorden descomunal
de las normas caseras y diarias
era el amor encerrado en una burbuja
en la que mi madre, mis hermanas de sangre y yo
flotábamos dotadas de perfección
cuando de viaje llegaba mi padre
aunque había apagón en mi calle
mi casa era la luz
no podíamos contener
la magnificencia de su presencia
dicha
protección
y las casas de mi barrio no existían
no habían vecinos ni autos
era solo la mesa de comedor
con pescados de oro
que traía mi hermoso padre
mi madre y su honesto rostro
mis hermanas y sus cándidas risas
y yo que sentía la vida
¡cómo la sentía!
mi madre y su honesto rostro
mis hermanas y sus cándidas risas
y yo que sentía la vida
¡cómo la sentía!
mi padre el rey viajero
contaba sus tantas hazañas
las ocurrencias de los hombres del mar
el corazón de su familia en la provincia
y la casa se comenzaba a elevar
en el claroscuro de la felicidad
donde papá era el rey piloto
y nosotras distinguidas pasajeras
de un palacio real

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