
No me culpes amor mío
que soy más inocente.
Las veces que me haces responsable
lastimas mis lágrimas.
No puedo vivir así
con ese demonio colgado
de mi cuello treintañero
donde vives cada noche.
Algunas mañanas te espero
al abrir mis ojos
al abrir el corazón
que se cierran a gritos de resondro.
Y tendida sobre mi cama
veo los años pasar
y me siento en la estación
de la impotencia provocada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario