
Siempre estuve ahí,
caminando sobre el arco iris.
En realidad no lo recuerdo
pero alguien de suma confianza
me lo dijo hace trece años luz.
Y yo todo le creo.
Ese olor a eternidad
y la llana sensación
de que el espacio es infinito
fue lo que me terminó de embargar
cuando aun desconocía
esta tierra del olvido
tan gris
tan infeliz.
Hubieron algunos soldados
al otro lado del mar de vidrio
demonios insistentes e insanos,
profanos y traicioneros con los dioses
acosadores de ángeles
generadores de odio, celos y envidia.
Estos me hicieron claudicar,
expulsándome así del hogar.
Sufrimiento e ilusión
antes de retornar a la patria
a la próxima puesta del sol.
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