Has
colgado en el viejo perchero
tus años mozos en el malecón
en los que coqueteabas al abuelo
y te ganabas su atención.
tus años mozos en el malecón
en los que coqueteabas al abuelo
y te ganabas su atención.
Hermosura exótica
caminabas cual desnudez
y el aroma de tus cabellos
se han quedado inmersos
en la parsimonia de tus años,
perdiéndose cual leyenda,
volviéndose tan invisible,
desapareció tu corazón.
El olor a cigarrillo
de morena canela
que arrastraba tus vestidos
y el suave brillo de tu piel
que lucía cual arena
del muelle "San Gael",
se han quedado cual imagen
impregnada en el cristal
de tu sucia ventana
de tu arrimada habitación
en la que tus hijos
te han echado
porque la carga de tu cuerpo
se ha vuelto anciana
y ya no eres la hermosura y esplendor
que en antaño
el pueblo admiraba.
¿Dónde estás abuela?
¿Por qué ellos te desprecian?
Sacrificio olvidado,
inconsciencia a flor de piel,
absurdo desprecio
y desencajado desamor.
¿Qué has criado?
A ¿qué engendros tu útero
despidió al parir?
Te han dejado sola en medio del malecón
que es tu sala de espera
en la casa del teatrón,
dónde tus nietos juegan
pero no te miran,
donde tus hijos cantan,
pero no te hablan,
donde tus gatos maúllan
y los perros te husmean,
como a la so-sobra de tu aliento exprimido.
Ya estas muerta, anciana
aunque aún no compraron ataúd.
No eres musa
ni sirena
en el muelle
ni en el callejón.
Tratando de andar contigo en sus espaldas
avanza la vida de los tuyos,
llevándote con ellos cual carga,
vil y despreciable,
olvidando el dolor
de tu viejo corazón.
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